Capítulo 2

El verano pasó como un pájaro que levanta su vuelo llevándose consigo la brisa del mar. Prometimos llamarnos cada día, no dejar que la distancia matase nuestra ilusión.
Yo empecé los estudios ese mes de septiembre. No sabía si me iba a adaptar, tenía miedo de no conocer a gente con la que entablar amistad. Un cielo raso cubría siempre la ciudad condal. Y la calidez de su clima lo hacía todo más agradable.
Los primeros días fueron extraños, me sentía como si estuviese viendo mi vida desde la perspectiva de un mero espectador. Conocí a tantas personas que me es imposible recordar los nombres de todas ellas, pero sí recuerdo lo que les hacía especiales. Me enamoré de las clases, de los profesores, de la biblioteca, del campus, de las sonrisas que iluminaban las paredes grises de mi facultad, y hasta del clima al fin y al cabo. Así se me hizo mas llevadera la distancia y la espera por volver a ver a León.
No tenía el miedo que se suele tener (aunque yo lo llamaría desconfianza) a que él se olvidase de mi o me engañase. Jamás lo pensé. Sin embargo, él si lo tenía. En cada una de sus llamadas me insinuaba de alguna manera que fuese a verle. Y aquellas navidades, aunque mis padres no estaban de acuerdo, me fui a su casa. No hace falta decir que el reencuentro fue si cabe más pasional que nuestro comienzo. Y al volver a despedirme una semana después y montar en el autobús sentí que un trozo de mi alma se quedaba allí con él. Todo era perfecto con León. Y no me veía capaz de pasar mas tiempo separados.

Me encerré en mis estudios,  en mis libros, sin salir de la biblioteca. Aprobé todo con notables. Y asi fue como mi primer año de universidad, el que más se suele disfrutar, transcurrió para mi.

Entonces llegó el verano…

Quizá la parte más revolucionaria de una relación a distancia sea la convivencia que supone realizar cuando uno va a visitar al otro. Yo pasé tres meses en la casa de León. Y puedo afirmar que fue entonces cuando realmente conocí al chico que me tenía enamorada.

El calor típico de la estación en el sur de España me agotaba. Pero aun así, quise aprovechar al máximo mi estancia alli junto a él, asi que decidí ir a trabajar al campo sin cobrar por ello. Para mi era suficiente con dormir a su lado.
Eran días duros, de madrugones a diario y un esfuerzo físico constante. Por las tardes, me dormía profundamente y ya no era capaz de levantarme hasta bien entrada la noche, cuando algo de aire fresco me daba fuerzas para mantenerme en pie. Entonces salíamos con otra pareja de la que nos hicimos amigos íntimos. Volvíamos a casa a las tres de la madrugada, aunque a las siete nos teníamos que despertar. Acabé por detestar esa rutina, pero siempre pensaba en León antes que en mi: estaba alli para disfrutar de un verano junto a él. Y eso intentaba,  aunque en mi interior algo me decía que yo merecía vivir el verano realmente, ir a la playa, salir con mis amigas, como un merecido premio después de tantos meses de estudio.
Así fueron pasando los dias hasta que llegó julio y ,con él,  las fiestas del pueblo. Inocente de mi, creí que León se tomaría un descanso en el trabajo para divertirse esos días. Entonces llegó nuestra primera discusión.

+El trabajo en el campo no tiene horario, ¿qué creías, que esto es como el que trabaja en una oficina y vuelve puntual a cenar?
-Ya lo sé,  pero déjame ir con mis amigas a la feria por lo menos, volveré temprano y te ayudaré el doble la próxima semana.
+¿Quieres ir a la feria sin mi? Pues vete, ve a ligar con otros chicos, pero olvídate de mi.
-Eres un gilipollas.

Sin darle más explicaciones, fui a vestirme para salir esa noche. Me puse un vestido negro por encima de la rodilla y una cazadora vaquera encima, y di un poco de color a mis ojos y labios tratando de disimular el cansancio que reflejaban mis ojeras. Mientras me peinaba, sentí que alguien me estaba observando a mi espalda. Ahí estaba, mirándome de arriba a abajo, como si nunca hubiese visto a una chica arreglada.

+¿Vas a salir así?
-Sí, ¿qué pasa?

Salió de la habitacion como alma que lleva al diablo y cerró la puerta principal con llave. Se me aceleró el corazón mientras se volvía a acercar a pasos agigantados; parecía que no iba a frenar antes de llegar a mi, asi que me aparté e instintivamente cerré la puerta de la habitación.
Puñetazos. Gritos.

+Si quieres salir de esta casa cámbiate,  que parece que vas buscando que se te acerquen otros. Te pones un pantalón y te atas la chaqueta, ¿te enteras?
-¡Pero si hace calor! Además el vestido es normal, no voy enseñando nada, todas las chicas se ponen vestidos, ¿por qué yo no?
+¡Porque no!
-Pues entonces no salgo, no tengo mas ropa aquí para salir arreglada.
+Mejor, te quedas aquí quieta.

No dije nada más. León era un machista de mierda. Primera decepción en mi ingenuo corazón enamorado. Pero le amaba, y de alguna manera mi cabeza se autoconvenció de que él tenia razón. No podía salir así de casa teniendo novio.
Me fui a dormir. Y esa noche, no hubo abrazos.

La mañana siguiente me desperté de buen humor. Quería hacer las paces con León. Él no estaba en la cama, asi que supuse que estaría en la cocina desayunando. Me puse la ropa del campo como cada mañana y fui a la cocina casi dando saltos por las ganas que tenía de besarle antes de hablar sobre lo que pasó la noche anterior. Frené en seco cuando me di cuenta de que el reloj de la cocina marcaba las once.
-Mierda, me he quedado dormida.
Por un lado me vino bien ese descanso. Decidí darme un buen baño para relajarme y hacer la comida para que cuando viniese León todo estuviese preparado. No sabía que cocinar, asi que llamé a mi hermana para pedirle consejo y ponernos un poco al día de todo lo que estábamos viviendo ese verano. Yo no le conté nada sobre la discusión con León. Fueron veinte minutos de conversación animada, y tras despedirnos, me fui a cambiar de ropa. Necesitaba ir al mercado a por tomate para los espaguettis.

Llevaba el dinero y el móvil, solo me faltaba coger las llaves y estaría lista para salir. Me dirigí  a la mesita donde León solía dejarlas, pero no estaban ahí. Entonces recordé que León cerró la puerta por la noche y escondió las llaves para que no fuese a la feria. Las busqué por toda la casa sin éxito, y solo faltaban quince minutos para que el mercado cerrase.
-Bueno, me voy, seguro que para cuando yo vuelva él ya estará en casa y me abrirá.

Pero el manillar de la puerta parecía estar roto. O yo ciega. León me habia encerrado para asegurarse de que no salía sin él.

 

 

Second Chapter

The summer passed like a bird that rises its flight taking with it the breeze of the sea. We promised to call each day, not let distance kill our illusion.

I started the studies that September. I didn’t know if it was going to adapt me, I was afraid of not knowing people with whom to make friends. A blue sky always covered the city of Barcelona. And the warmth of its climate made everything more pleasant.
The first days were strange, I felt as if I was seeing my life from the perspective of a mere spectator. I met so many people that it is impossible for me to remember the names of all of them, but I do remember what made them special. I fell in love with the classes, the professors, the library, the campus, the smiles that illuminated the gray walls of my faculty, and even the climate after all. That way I was more bearable distance and waiting to see Leon again.
I didn’t have the fear that is usually had (although I would call it distrust) that he would forget me or cheat me. I never thought about it. However, he did. In each of his calls, he insinuated in some way that I would see him. And those Christmas, although my parents didn’t agree, I went to his home. It goes without saying that the reunion was even more passionate than our beginning. And when I returned to say goodbye a week later and ride the bus I felt a piece of my soul stay there with him. Everything was perfect with Leon. And I didn’t  see myself able to spend more time separated.

 

I locked myself in my studies, in my books, without leaving the library. I approved everything with excellents. And that’s how my first year of college, the one that is most enjoyed, happened to me.

Then summer came …
Perhaps the most revolutionary part of a relationship at a distance is the coexistence involved when you go to visit the other. I spent three months in Leon’s house. And I can affirm that it was then that I really knew the boy who had me in love.
The typical heat of the station in the south of Spain exhausted me. But even so, I wanted to make the most of my stay there with him, so I decided to go to work in the countryside without charging for it. It was enough for me to sleep by his side.
They were hard days, early mornings every day and a constant physical effort. In the afternoons, I fell asleep deeply and was no longer able to get up until well into the night, when some fresh air gave me the strength to stay on my feet. Then we would go out with another couple, from whom we became close friends. We returned home at three in the morning, although at seven we had to wake up. I ended up hating that routine, but I always thought about Leon before me: I was there to enjoy a summer with him. And that was what I was trying to do, although something inside inside told me that I deserved to really live the summer, to go to the beach, to go out with my friends, as a deserved prize after so many months of study.
So the days went by until July arrived and, with him, the town fair. Innocent of me, I thought that Leon would take a break at work to have fun those days. Then our first discussion arrived.

+ The work in the countryside doesn’t have a schedule, what did you think, that this is like working in an office and returning on time to dinner?

-I know, but let me go with my friends to the fair at least, I’ll be back early and I’ll help you double next week.
+ Do you want to go to the fair without me? Well go, go to flirt with other guys, but forget about me.
-You’re an asshole.
Without further explanation, I went to get dressed to go out that night. I put on a black dress above the knee and a denim jacket on top, and I gave a little color to my eyes and lips trying to disguise the fatigue that reflected my dark circles. While I combed my hair, I felt that someone was watching me behind my back. There he was, looking me up and down, as if he had never seen a girl dressed up.
+ Are you going to leave like this?
-Yes, whats up?
He left the room as a soul that carries the devil and closed the main door with a key. My heart quickened as it approached in leaps and bounds; It seemed like I wasn’t going to brake before I got to me, so I pulled away and instinctively closed the door to the room.
Punching. Shouting.
+ If you want to leave this house change your clothes, it seems that you are looking for others to approach you. You wear pants and tie your jacket, do you hear?
-But it’s hot! Besides, the dress is normal, I’m not showing anything, all the girls wear dresses, why do not I?
+ Why not!
-Well, then I don’t go out, I don’t have any more clothes here to this occassions.
+ Better, you stay here quiet.
I didn’t say anything else. Leon was a  shitty male chauvinist. First disappointment in my naive heart in love. But I loved him, and somehow my head convinced himself that he was right. I couldn’t leave home like that having a boyfriend.
I went to sleep. And that night, there were no hugs.
The next morning I woke up in a good mood. I wanted to make peace with Leon. He wasn’t in bed, so I assumed he would be in the kitchen eating breakfast. I put on my country clothes like every morning and went to the kitchen almost jumping for the desire I had to kiss him before talking about what happening the night before.

 

I stopped in my tracks when I noticed that the kitchen clock read eleven o’clock.

-Shit, I’ve fallen asleep.
On the one hand, that rest was good for me. I decided to take a good bath to relax and make food so that when Leon came everything was ready. I didn’t know what to cook, so I called my sister to ask her for advice and get a little up to date on everything we were experiencing that summer. I didn’t tell him anything about the argument with Leon. It was twenty minutes of lively conversation, and after saying goodbye, I went to change my clothes. I needed to go to the market for tomato for spaghetti.
I had the money and the cell phone, I just needed to take the keys and I would be ready to leave. I went to the little table where Leon used to leave them, but they weren’t there. Then I remembered that Leon closed the door at night and hid the keys so I wouldn’t go to the fair. I searched around the house without success, and only fifteen minutes were left before the market closed.
-Well, I’m leaving, I’m sure by the time I get back he’ll be at home and he’ll open me up.
But the handlebar of the door seemed to be broken. Or I was blind. Leon had locked me up to make sure I didn’t go out without him.
JGA
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