Capítulo 7

-Dime.
+¿Pero se puede saber dónde te has metido todo el fin de semana? ¿Y no has tenido el móvil?
-Oye oye, relájate un poco, que me acabo de despertar.
+¿Despertar? ¡Pero si son las ocho de la tarde!
-¿Y?
+¿Qué has hecho este fin de semana para estar tan cansado?
-¿A ti qué te importa? ¿Y tú qué has hecho? ¿Qué hiciste en París?
+¿A qué viene eso ahora?
-Bueno, que te cuelgo.
+¡Espera!

León siempre me daba una de cal y otra de arena. Cada vez que las cosas empezaban a ir bien yo volvía a ilusionarme como una niña pequeña y olvidaba por completo todo lo malo. Y cuando la tormenta llegaba, me pillaba sin paraguas. ¿Qué se suponía que debía hacer?
Seguí llamándole para obtener una mínima explicación, pero sin resultado positivo. Lo que me encontré al entrar en el WhatsApp para escribirle fue el ver que me había bloqueado. Qué rabia me daba eso. Además, no podía quedarme con la duda de saber qué coño habría hecho ese fin de semana. Así que se lo conté todo a Sara y empezamos a investigar en las redes sociales. Lo último que quería era encontrar algo decepcionante, pero sinceramente lo máximo que pensaba de aquello era encontrar una foto con sus amigos demostrando que salió de fiesta. Ni siquiera me hubiese enfadado, solo molestado por el hecho de que a mi no me dé permiso para hacerlo y tener que ocultarlo la única vez que lo hice. Fui demasiado positiva. No hizo falta buscar mucho en Instagram para ver que una chica de su pueblo subió una foto el sábado por la noche: León estaba entre ella y otra chica sentados en el sofá de la casa de su madre. En esa casa sólo podía entrar a escondidas, pues su madre se lo tenía prohibido. Pensé que quizá había hecho una fiesta allí y entonces estaría invitada la pareja con la que solíamos salir en verano. Hice una captura de pantalla y se la envié a Camila, una buena amiga del pueblo y novia del mejor amigo de León.
Sara no paraba de marearme la cabeza con sus hipótesis de lo que podría haber pasado, pero yo creía que exageraba. Lo que me cabreaba de todo aquello era la manera de la que me había tratado por teléfono, y solo podía pensar en devolvérsela. Hacía tiempo que tenía ganas de volver a salir con mis amigos,  y se presentaba la oportunidad perfecta para no sentirme mal al hacerlo. Ojo por ojo.
Ya estábamos planeando lo que haríamos el próximo jueves universitario cuando Camila respondió a mi mensaje. Abrí el WhatsApp y vi que ella me había mandado otra foto: una de las chicas de la foto de antes estaba sentada en la cama con León, que se había quitado la camiseta. En la descripción de la foto la chica escribió “Me encantas”.
Fue el preludio de algo más grande. Había tenido novios antes, pero nada más lejos de un amor de verano cuyos sentimientos no van mas allá. Nunca antes me había enamorado; solía ser yo la que pedía un tiempo como excusa para dejarlo porque no sentía más, simplemente me aburría y prefería estar sola.
Y cuando por fin conocí lo que era esa putada de enamorarse no creí en lo turbio de las relaciones: no creí en las discusiones sin arreglo, en los intentos fallidos, en el apagarse de la llama, en lo fatal de la distancia, en lo insoportable de la convicencia, ni mucho menos en la posibilidad de los cuernos. Así que para mí aquello fue algo imposible de aceptar. Lo tenía delante de mis ojos, pero es muy cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver.

-Violeta…di algo por favor, me estás asustando.
+No pasa nada. Esta chica será una amiga, nada más. Estoy bien. Voy a llamarle, pero no puedo decirle que he visto la foto porque odia que cotillee en las redes sociales.
-¿Qué?  ¿Tú estás loca? Una amiga no pone “me encantas” en una foto, y por cierto,  él sale sin camiseta, sentados en la cama…¿qué más necesitas para dejarle?

En ese momento entró Julián, la persona que más en contra estaba de esta historia. Sara le enseñó la foto y le contó lo ocurrido exagerando las palabras, las formas y los gestos. Y llamándome loca. Yo no dije nada, me limité a soportar sus ojos clavados en mi juzgándome.

-Llámale y dile que un número oculto te ha enviado la foto, a ver que dice. Con lo tonto que es, será fácil convencerle de que ha podido ser su supuesta amiga la que ahora te quiere hacer daño a ti. Y podemos aprovechar eso porque seguro que ella ni se imagina que tiene novia.
+No. Para empezar no creo ni que me coja el teléfono. Y además,  si averigua que estoy mintiendo se va a enfadar más.
-¿Enfadarse él?  ¡Tendrías que ser tú la que se enfade joder! ¡Que parece que no tienes sangre en las venas! Dame el teléfono Sara.
+¡No se lo des!

Le envió la foto a León y sólo pude prepararme para lo peor. Sabía cuánto le molestaría aquello, aunque me aferré a la esperanza de que me lo negase todo para así creerme del todo mi autoengaño destructivo. Enseguida sonó el tono de llamada y, tragándome las lágrimas, respondí temblorosa.

-¿De dónde has sacado esa foto?
+¿Eres tú?
-No. Apenas se ve la cara del chico.

Tenía razón, pero yo era más lista y en ese momento maldecía ese don, pues conocía perfectamente sus lunares y sus manchas, y en la foto se apreciaba claramente la mancha con forma de sardina que tenía bajo el brazo izquierdo.

+Ya. A mi me la han mandando.. Pero tranquilo,  que no me creo nada de lo que diga la gente. Solo quieren que lo dejemos…
-Y tú, ¿quieres dejarlo?
+¡No! Te estoy diciendo que te creo a ti.
-Vale. Me voy a dormir. Mañana hablamos.
+Vale. Te quiero.

Al menos me quedé con la sensación de que él se convenció de que yo le creía. Duró poco tiempo…Julián sostenía mi móvil mientras cuchicheaba algo con Sara y yo sentía cómo mis pulmones se dilataban en una necesidad extrema de romper a llorar. Si hubiese existido una píldora para impedir el razonamiento me hubiese provocado una sobredosis a base de ella. Porque aunque nadie lo entendiese ni compartiese conmigo, para mi el amor era sacrificio, perdón y entrega. Y de verdad creía que mi entrega era más que todo lo que el que recibe puede pedir.

-El de la foto sí soy yo. Anoche salí, pero no pasó nada más.

Julián leyó el mensaje en voz alta y me dejó responder mientras ellos no paraban de insultar a León.

+¿Por qué me has dicho antes que no eras tú?  A mi no me importa que salgas, no pasa nada.

A partir de ahí mis mensajes se volvieron suavizantes en un intento de calmar a la bestia, y los suyos defensivos en un intento de protegerse frente a su propia víctima.

-Porque eres muy pesada con querer saberlo todo. ¿Qué pasa, que tú también sales de noche?
+Yo no, prefiero quedarme en casa. Perdóname si soy tan pesada, solo me preocupo por ti.
-Pues ya no hace falta que te preocupes más.
+¿Me estás dejando?
-No.
+¿Entonces?
-Yo voy a seguir siendo así,  te guste o no. Y voy a seguir saliendo.
+Bueno, pero ¿hay algo entre esa chica y tú?
-Solo es una amiga. Y no preguntes más,  que no puedes saberlo todo.
+¿Cómo que no? Yo te lo cuento todo…
-Sí,  seguro que cuando sales por ahí con otros también me lo cuentas…
+Yo no salgo con otros.
-Bueno, venga, vete a dormir.
+No tengo sueño, solo me apetece hablar contigo…
-Pues yo no te voy a hablar más hoy. Hasta mañana.
+¿Por qué ya no me dices te quiero?
-Tú tampoco.
+Yo te lo digo siempre…te quiero mucho.
-Bff
+Vaaale, no me lo digas si no te sale…mientras lo sigas sientiendo…
-Qué pesada estás joder.
+Perdón.
-¡No me pidas perdón por todo!
+Bueno, no te molesto más…
-No me molestas. Es que me das pena joder.
+¿Pena? ¿Por qué?
-Joder Violeta,  porque no soy capaz de dejarte. Pero no me apetece estar contigo, la llama se apagó hace tiempo y no te enteras.
+¿Ahora sí me estás dejando?
-No sé.
+Mira, yo no quiero dejarlo y sé que tú me quieres tanto como yo a ti. Vamos a dormir y mañana lo veremos todo de otra forma…Hasta mañana,  descansa, te quiero.
-Yo ya no te quiero Violeta. Lo siento, pero estoy contigo por pena. No me hables más ni me llames, así será más fácil para los dos.

Hubo una hora de diferencia entre mi último mensaje y su respuesta, que llegó a las dos de la madrugada mientras yo suplicaba a Dios que me diese fuerzas para encontrar una solución a lo nuestro. Cuando sonó el móvil,  no encontraba la valentía para mirarlo, y al hacerlo no cesé de repetir en voz alta “por favor que sea algo bueno”. Cada palabra suya era un puñal inesperado, y por fin mis pulmones se liberaron en forma de unos gritos de dolor espeluznantes.
Rápidamente mis amigos entraron a la habitación. Ninguno se atrevió a decir nada. Me quitaron un móvil que ya no necesitaba y se acurrucaron junto a mi, testigos de una noche en la que el corazón se iba desintegrando con cada recuerdo hasta dejarme seca y vacía, muy vacía.

Chapter seven

-Tell me.

+ But can I know where you’ve gotten all weekend? And you haven’t had the phone?

-Hey hey, relax a little, I just woke up.

+ Awakening? But it’s eight o’clock in the afternoon!

-And?

+ What have you done this weekend to be so tired?

– What do you care? And what have you done? What did you do in Paris?

+ What is that now?

-Well, I’ll hang you up.

+ Wait!

Leon always gave me one of lime and another of sand. Every time things started to go well I was excited again as a little girl and completely forgot all the bad things. And when the storm came, I was caught without an umbrella. What was I supposed to do?

I kept calling him for a minimal explanation, but without a positive result. What I found when I entered the WhatsApp to write was seeing that I had blocked. What anger gave me that. Also, I couldn’t stay with the doubt of knowing what the fuck he would have done that weekend. So I told Sara everything and we started to investigate in social networks. The last thing I wanted was to find something disappointing, but honestly the most I thought about it was finding a picture with his friends showing that he went out partying. I wouldn’t even have been angry, just bothered by the fact that he didn’t give me permission to do it and have to hide it the only time I did it. I was too positive. It wasn’t necessary to search a lot on Instagram to see that a girl from his town uploaded a photo on Saturday night: Leon was between her and another girl sitting on the sofa in her mother’s house. In that house he could only enter in secret, because his mother had forbidden him. I thought maybe they had a party there and then the couple we used to go out with in the summer would be invited. I took a screenshot and sent it to Camila, a good friend of the town and girlfriend of Leon’s best friend.

Sara kept getting dizzy with her hypothesis of what might have happened, but I thought she was exaggerating. What pissed me off was the way he had treated me on the phone, and I could only think of giving it back to him. It had been a while since I wanted to go out with my friends again, and the perfect opportunity presented itself not to feel bad when doing it. Eye for eye.

We were already planning what we would do next university Thursday when Camila responded to my message. I opened the WhatsApp and saw that she had sent me another pic: one of the girls in the photo from before was sitting on the bed with Leon, who had taken off his shirt. In the description of the photo the girl wrote “I like you”.

It was the prelude to something bigger. I had had boyfriends before, but nothing could be further from a summer love whose feelings don’t go beyond. I had never fallen in love before; I used to be the one who asked for a time as an excuse to leave because I didn’t feel anymore, I just got bored and preferred to be alone.
And when I finally got to know what that bitch of falling in love was, I didn’t believe in the turbulence of relationships: I didn’t believe in arguments without arrangement, in failed attempts, in the quenching of the flame, in the fatality of distance, in the unbearable conviction, much less in the possibility of the horns. So for me that was something impossible to accept. I had it in front of my eyes, but it is very true that there is no more blind person that who doesn’t want to see.

-Violeta … say something please, you’re scaring me.

+ Nothing happens. This girl will be a friend, nothing more. I’m fine. I’m going to call him, but I can’t tell him I’ve seen the picture because he hates gossiping on social networks.

-What? You’re crazy? A friend doesn’t write “I like you” in a photo, and by the way, he goes out without a shirt, sitting on the bed … what else do you need to leave him?

At that moment, Julian entered, the person who was most against this story. Sara showed him the picture and told him what had happened, exaggerating the words, the forms and the gestures. And calling me crazy. I didn’t say anything, I just held his eyes fixed on me judging me.

– Call him and tell him that a hidden number has sent you the photo, to see what he says. As foolish as he is, it will be easy to convince him that it could have been his supposed friend who now wants to hurt you. And we can take advantage of that because surely she doesn’t even imagine that he has a girlfriend.

+ No! For start I don’t even think that he is picking up the phone. And besides, if he finds out that I’m lying, he’s going to be more angry.

-Do he get angry? You should be the one who gets angry, fuck! It seems that you have no blood in your veins! Give me the phone Sara.

+ Don’t give it to him!

He sent the photo to Leon and I could only prepare myself for the worst. I knew how much that would bother him, though I clung to the hope that he would deny me everything in order to fully believe my destructive self-deception. Soon the ringing tone sounded and, swallowing my tears, I answered shakily.

– Where did you get that picture?

+ Are you?

-Don’t. You can barely see the boy’s face.

He was right, but I was smarter and at that moment I cursed that gift, because I knew perfectly his moles and his spots, and in the photo I could clearly see the sardine-shaped stain under his left arm.

+ Yeah. They have sent it to me .. But calm, I don’t believe anything that people say. They just want us to leave …

-And you, do you want to leave it?

+ No! I’m telling you that I believe you.

-Okay. I’m going to sleep. Let’s talk tomorrow.

+ Ok, I love you.

At least I was left with the feeling that he was convinced that I believed him. It lasted a short time … Julian was holding my mobile while he was whispering something with Sara and I felt my lungs expand in an extreme need to break into tears. If there had been a pill to prevent reasoning I would have caused an overdose based on it. Because even if nobody understood or shared with me, for me love was sacrifice, forgiveness and surrender. And I really believed that my delivery was more than everything that the receptor can ask for.

-The one in the photo is me. I went out last night, but nothing else happened.

Julian read the message aloud and let me respond while they kept insulting Leon.

+ Why did you tell me before that it was not you? I don’t care if you go out, nothing happens.

From there my messages became softening in an attempt to calm the beast, and his defensive in an attempt to protect against their own victim.

-Because you are very heavy with wanting to know everything. What’s wrong, that you also go out at night?

+ I don’t, I prefer to stay at home. Forgive me if I’m so heavy, I only care about you.

-Well, you don’t need to worry anymore.

+ Are you leaving me?

-No.

+ Then?

-I’m going to continue being like that, like it or not. And I will continue hanging out.

+ Well, but is there something between that girl and you?

– She is just a friend. And don’t ask more, you can’t know everything.

+Why not? I tell you everything …

-Yeah, I’m sure that when you go out there with others, you also tell me …

+ I don’t go out with others.

-Well, come, go to sleep.

+ I’m not sleepy, I just want to talk to you …

-Well, I’m not going to talk to you today. Talk to you tomorrow.

+ Why don’t you tell me I love you?

-You neither.

+ I always tell you … I love you very much.

-Bff

+Okaaaay, don’t tell me if you don’t want … while you continue feeling …

-How heavy you are!

+ Sorry.

-Don’t ask me to forgive you for everything!

+ Well, I don’t bother you anymore …

-You don’t bother me. It’s that I feel pain for you.

+Pain? Why?

– Violet, because I’m not able to leave you. But I don’t want to be with you, the flame went out a long time ago and you don’t know.

+ Now you are leaving me?

-I don’t know.

+ Look, I don’t want to leave it and I know that you love me as much as I love you. Let’s go to sleep and tomorrow we’ll see everything in another way … Good night, rest, I love you.

-I don’t love you anymore. I’m sorry, but I’m with you for grief. Don’t talk to me anymore or call me, it will be easier for both of us.

There was an hour difference between my last message and his answer, which arrived at two in the morning while I begged God to give me strength to find a solution to our own. When the mobile rang, I couldn’t find the courage to look at it, and in doing so I kept repeating aloud “please make it a good thing”. Every word of him was an unexpected dagger, and finally my lungs were released in the form of screams of pain creepy.

Quickly my friends entered the room. None dared to say anything. They removed a phone I no longer needed and they huddled next to me, witnessing a night when my heart was disintegrating with each memory until I was dry and empty, too empty.

JGA
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