Capítulo 8

Quizá debí haber mencionado que tengo trastorno maniático obsesivo leve. Aunque sabía que nada cambiaría,  sentía que debía hacer ciertas cosas para mantener la esperanza. Tocar cuatro veces los objetos que de alguna manera me recordaban a los buenos momentos con León, ver cuatro veces al día cada una de las fotos que teníamos juntos y borrar los últimos meses de mensajes en el WhatsApp hasta que quedase una conversación más o menos entrañable para releerla cuatro veces al día fueron manías que me acompañaron en mi melancolía. La cosa fue a peor cuando pasaron dos semanas y no tenía noticias de él:  pestañear sola y exclusivamente al leer una palabra positiva a la hora de estudiar (lo cual me daba dolor de cabeza, puesto que en cada libro de ochocientas páginas era difícil pasar un párrafo entero encontrando más de dos palabras positivas), rezar repitiendo constantemente lo mismo hasta que mis oraciones pasaron de quince minutos a una hora, tocar nuestras fotos y objetos hasta que mi mente solo pensase en nosotros felices tiempo atrás (si algún pensamiento malo acudía a mi mente me obligaba a volver a empezar)… Perdí tanto tiempo en todo eso que llegaba tarde a clase, me iba antes a casa para no dormirme tan tarde, apenas salía de mi habitación y dejé de lado a todos y a todo lo demás.

+He pensado en hacer algo para ver si aún le importo a León.

Julián y Sara me miraron intrigados. Bastante mérito era escucharme hablar, y hacerlo de la persona que tanto daño me estaba causando suponía un gran esfuerzo.

-¿Tienes algún plan?
+Sí.
-A ver, ¿qué vamos a hacer ahora?
+Inventar un personaje, una especie de acosador, solo así sabremos si siente celos al volver a saber de mi por otro chico…
-¡Me encanta! Venga, manos a la obra. Creamos una cuenta en Instagram con mi móvil ¿vale?

Sabía que contaría con el apoyo de Sara en aquello; a Julián hubo que insistirle un poco más,  pero no pudo negarse a la idea de hacer sufrir de alguna manera al cabrón que destrozó a su mejor amiga.
Elegimos fotos de Google que fuesen difíciles de encontrar al azar para crear un perfil falso: Iván Ayala, rubio, de ojos verdes, alto, sonrisa de anuncio, deportista y catalán. Seguimos a varias cuentas que tratasen de relacionar a Iván conmigo sin que pareciese muy evidente, lo justo para que las pocas neuronas de León pudiesen conectar de qué nos conocíamos. Por último,  le seguimos a él y esperamos la respuesta cruzando los dedos para que cayese en el anzuelo.
No nos siguió de vuelta como esperábamos,  pero hizo algo que incluso nos vino mejor:

-¿Quién eres?

Él mismo empezó la conversación. Así que seguimos con el plan entre risas e intrigas.

+Hola. Soy un amigo de Violeta.
-Ah, vale.
+La verdad es que sé que ella tiene o tenía novio hace poco, ¿eras tú?
-Soy yo.

¡Soy! Aquello demostraba para mi que en cierta medida yo seguía importándole, aunque solo fuera por un estúpido intento de demostración de superioridad viril fruto de una conversación ficticia pero real ante los ojos de León.

Una vez satisfecha con el resultado del plan, podría haber parado y dejarlo ahí, sin embargo seguí adelante, y lo lleve demasiado lejos. Julián y Sara me quitaron su apoyo cuando creyeron que aquello era poco cuerdo. Y menos aún, sano. El perfil que inventamos para fingir que un chico me acosaba acabó acosando a León. Todos los días me inventaba alguna excusa con la que poder hablarle o ponerle celoso, alimentando mi esperanza. Pero León tenía poco aguante y enseguida dejó de seguirle el juego a Iván. Eso llegó con una sorpresa para mi.
Cuando León me dejó,  Julián descargó una aplicación para mi movil que bloqueaba cualquier intento de comunicación que correspondiese al número de León. Y para evitar que yo la borrase, puso una contraseña indescifrable tras varios intentos. Pero aquel día León quiso volver a saber de mi, y al intentarlo, supongo que la aplicación se lo impediría, pero a mi me llegó una llamada perdida suya.
No supe ocultar la alegría que me aportó aquello, pues fue como un subidón de autoestima que venía necesitando hacía tiempo. Recorrí el piso dando saltos de júbilo y el latir de mi corazón me recordó a la sensación que llevaba conmigo al empezar a enamorarme. Tampoco me importaron los gestos de desaprobación de mis compañeros de piso, ¿qué iban a entender ellos si nunca habían experimentado algo parecido? Julián no quiso darme la contraseña de la aplicación que me puso, pero como si de repente fuese más lista, accedí a los ajustes de mi movil y la desinstalé. Entonces dudé: ¿le llamaba o le escribía?

+León…
-Violeta…
+¿Cómo estás?
-Bien, ¿y tú?
+Bueno…¿me has llamado verdad?
-Sí,  pero tu movil está loco, me sale que está apagado. Llevo llamándote un par de días.
+Lo he tenido apagado porque no quería hablar con nadie que no fuese tú.
-Vale.

Él dejó de escribir y yo no supe qué más decir para no perder el control de la situación. Hablar con él después de tres semanas era un milagro, y si le interrogaba sabía que lo volvería a perder.

+¿Quieres hablar?
-Me da igual.
+Como quieras, a mi me gustaría hablar de lo nuestro, pero a tu ritmo.
-¿Qué es lo nuestro?
+Pues no sé, yo quisiera saber si seguimos siendo novios.
-Sigo pensando lo que te dije la última vez.

¿Por qué me había llamado entonces? No podía sacarle el tema del perfil falso, ni tampoco dejar que la conversación acabase así. Realmente me empeñé en sonsacar una mínima pista que me aliviase.

-¿No tienes nada que contarme?
+No…no me ha pasado nada especial en estos días,  ¿y a ti?
-Sí te ha pasado algo. Sé que un chico va detrás de ti, ¿ya os habéis liado?
+¿Qué?  ¡No me he liado con nadie! Todos estos días lo único que he hecho es llorar y pensar en ti.
-¿Por qué?
+Porque te quiero y quiero estar contigo.
-Ya ya, eso le dirás también al otro.
+No hay otro.

Sí conseguimos ponerle celoso, pero parecía que le importaba poco y me estaba destrozando. Decidí no seguir por aquel rumbo la conversación y esperar al día siguiente.
A partir de ahí nuestro contacto se volvió frío como una tarde de invierno sin mantas. Yo trataba de encontrar a mi León de siempre, pero él me evitaba y cuando se aburría directamente dejaba de responderme. Me sentí como un vaso medio lleno. No me excuso de las mentiras que surgieron desde entonces, pero no supe actuar de otra forma.

-Qué raro que hoy no me escribas. ¿Ya te has cansado?

Tenía que aguantar hasta la noche. Si no, mi mentira no tendría ninguna credibilidad.

+Buenas noches León. Siento no haberte escrito antes,  he estado todo el día en urgencias.
-¿Por?
+Me he desmayado…
-Ya empiezas con tus tonterías de la comida. Tú sabrás lo que haces.

De alguna manera preveí aquella contestación despreocupada. Sabía cuál sería el siguiente paso. Iría agravando la situación según el interés que él mostrase hasta sacar a la luz su amor hacia mi, fuese mucho o poco. Aunque fuese un cabrón,  sabía que en algun momento dejaría de serlo un ratito para preocuparse por mi. Tuve miedo de estar alimentando aun más la pena que él sentía por mi, pero era más fuerte la seguridad que me daba el pensar que todo el mundo olvida lo malo cuando una persona a la que se quiere está enferma.

Le pedí a Sara que me apoyara para dar más sentido a toda aquella historia. Si ella le mandaba un mensaje diciéndole que me habían ingresado, sería la excusa perfecta para llamarme por voluntad propia. Accedió a regañadientes, pero no contaba con que se lo diría a Julián. En el mensaje Sara escribió que si quería contactar conmigo tendría que llamarme al teléfono fijo de casa, que León desconocía,  así que pudimos pasarlo por el número de un hospital sin problema. Era lo bueno de conocerle, sabía que no le daría la cabeza para preguntar por el nombre del hospital y buscarlo en internet. También me aseguré de que no pudiese contactar con mis padres avisando a mi hermana para que bloquease su número en sus móviles, aunque dudaba de que se atreviese a llamarles siquiera, pues si el plan funcionaba, él se sentiría culpable.
Tras una pelea con Julián en la que rechazó de absoluto mi patetismo extremo, sonó el teléfono del piso y los tres echamos a correr a ver quién lo cogía primero.
La adrenalina corría por mis venas así que llegué la primera. Me metí en el papel de enferma y descolgué con la voz entrecortada.

+¿Si?
-¿Dónde coño estás?
+Hola León. Estoy en una clínica…pero no te preocupes, estoy bien.
-¿Dónde está esa clínica? ¿Y por qué te han quitado el móvil?
+No puedo usarlo. Dicen que estoy muy estresada y tengo que estar tranquila…Estoy en Santander, pero en unos días volveré a casa.
-Joder, ¿por qué no comes?
+No tengo apetito…con todo lo que ha pasado…
-Tienes que comer Violeta, hazlo por mi.
+Por ti haría lo que sea…te quiero mucho.
-Pues si me quieres, come.
+Vale, lo intentaré. ¿Me vas a llamar todos los días?
-Sí, pero intenta que te dejen el móvil para saber si estás bien.
+Vale, gracias León.
-Venga, descansa. Mañana hablamos.

Supongo que se me intuía la satisfacción incluso de espaldas. Cuando me di la vuelta, las caras de Sara y Julián eran un auténtico poema. Estaban decepcionados, asombrados y a la vez preocupados. Empecé a reír y creo que fliparon todavía más,  hasta que Sara rompió a reír conmigo.

-¡Deberías ser actriz! ¡Qué pasada tia! ¡Y qué tonto es León!  ¿Cómo puede creérselo? ¡Si estuvieses en una clínica no podrías ni llamar!
+Pues doy gracias a Dios de que no desconfíe.
-¿Y qué piensas hacer ahora?
+Seguir con la mentira unos días. Casi me dice que me quiere…Sé que no lo entendéis pero realmente necesitaba esto, para mi escuchar su voz sin discusiones de por medio es un respiro…Julián,  no me mires así, sé que no está bien mentir con estas cosas pero qué quieres que haga…
-Solo te voy a decir una cosa. Imagínate que llegáis a casaros, ¿le contarás la verdad?
+No lo sé, de momento con volver a estar juntos me conformo.
-Estás loca…

Sí que lo estaba. Pero no me sentía mal por ello. Solo me torturaba el saber que tendría que confesarme con Dios, pero Él me perdonaría, pues sabía tanto como nosotros tres el daño que León me había hecho y lo poco que me importaba. Si yo era capaz de perdonarle todo, a mi también se me tendría que perdonar.
Pasaron cinco días y lo que conseguí fue un “cuando salgas del hospital hablamos de volver” y dos “te quiero”. Suficiente.

Chapter 8

Maybe I should have mentioned that I have mild obsessive manic disorder. Although I knew that nothing would change, I felt I had to do certain things to maintain hope. Touch four times the objects that somehow reminded me of the good times with Leon, see four times a day each of the photos we had together and delete the last months of messages on WhatsApp until there was a conversation more or less endearing to reread it four times a day were hobbies that accompanied me in my melancholy. The thing was worse when two weeks passed and I had no news of him: blinking only when reading a positive word when studying (which gave me headache, since in each book of eight hundred pages it was difficult to pass an entire paragraph finding more than two positive words), praying constantly repeating the same thing until my prayers went from fifteen minutes to one hour, touching our photos and objects until my mind only thought of us happy time ago (if some bad thought came my mind forced me to start again) … I lost so much time in all that I was late to class, I used to go home earlier so I wouldn’t fall asleep so late, I just left my room and left everyone and everything behind.

+ I’ve thought about doing something to see if Leon still cares.

Julian and Sara looked at me intrigued. It was quite worthwhile to listen to me speak, and to do it from the person who was causing me so much damage was a great effort.

-Do you have any plans?

+ Yes

-What are we going to do now?

+ Invent a character, a kind of stalker, only that way we will know if he feels jealous when he comes back to know about me for another boy …

-I love it! Come on, hands on. We created an Instagram account with my mobile, ok?

I knew I would have Sara’s support in that; Julian had to be persisted a little more, but he couldn’t refuse the idea of ​​making the bastard who destroyed his best friend suffer in some way.

We chose Google photos that were difficult to find at random to create a fake profile: Ivan Ayala, blond, with green eyes, tall, smile of advertisement, sportsman and Catalan. We followed several accounts that tried to relate Ivan to me without appearing very obvious, just enough so that Leon’s few neurons could connect what we knew about. Finally, we followed him and waited for the answer by crossing our fingers so that he fell on the hook.

He didn’t follow us back as we expected, but he did something that even came better:

-Who you are?

He himself began the conversation. So we continue with the plan between laughs and intrigues.

+ Hello! I’m a friend of Violeta.

-Ah okay.

+ The truth is that I know that she has or had a boyfriend recently, were you?

-I am.

I am! That showed me that to some extent I still cared, if only for a stupid attempt to demonstrate male superiority fruit of a fictitious but real conversation beside the eyes of Leon.

Once satisfied with the result of the plan, I could have stopped and left it there, however I went ahead and took it too far. Julian and Sara took away their support when they thought that was not sane. And even less, healthy. The profile we invented to pretend that a boy harassed me ended up harassing Leon. Every day I made up some excuse with which I could talk to him or make him jealous, feeding my hope. But Leon had little endurance and immediately stopped playing the game to Ivan. That came with a surprise for me.

When Leon left me, Julian downloaded an application for my cell phone that blocked any communication attempt that corresponded to Leon’s number. And to prevent me from deleting it, he put an indecipherable password after several attempts. But that day Leon wanted to know about me again, and when he tried, I suppose the application would stop him, but I got a missed call from him.

I didn’t know how to hide the joy that that brought me, because it was like a rush of self-esteem that I had been needing for some time. I walked the floor jumping with joy and the beating of my heart reminded me of the feeling I had with me when I started falling in love. Nor did I care about the disapproval gestures of my roommates, what would they understand if they had never experienced something similar? Julian didn’t want to give me the password for the application he gave me, but as if I were suddenly smarter, I accessed the settings on my phone and uninstalled it. Then I hesitated: did I call him or write him?

+ Leon …

-Violet…

+ How are you?

-Fine and you?

+ Well … have you called me true?

-Yes, but your phone is crazy, I get that it is off. I’ve been calling you for a couple of days.

+ I’ve had it off because I didn’t want to talk to anyone other than you.

-Okay.

He stopped writing and I didn’t know what else to say so as not to lose control of the situation. Talking with him after three weeks was a miracle, and if I questioned him I knew I would lose him again.

+ Do you want to talk?

-I don’t care.

+ As you want, I would like to talk about our own, but at your own pace.

-What is “ours”?

+ Well I don’t know, I would like to know if we are still dating.

-I keep thinking what I told you the last time.

Why had he called me then? He couldn’t get the subject out of the false profile, nor let the conversation end like this. I really endeavored to draw a minimum clue that would relieve me.

– You have nothing to tell me?

+ No … nothing special has happened to me these days, and you?

– Something has happened to you. I know that a boy is following you, have you already got involved?

+ What? I haven’t messed with anyone! All these days the only thing I’ve done is cry and think about you.

-Why?

+ Because I love you and I want to be with you.

– Yeah, that is what you will also say to the other.

+ There is no other.

Yes, we managed to make him jealous, but he seemed to care little and he was destroying me. I decided not to follow the conversation in that direction and wait until the next day.

From there our contact became cold like a winter afternoon without blankets. I tried to find my usual Leon, but he avoided me and when he got bored directly he stopped answering me. I felt like a glass half full. I don’t excuse myself from the lies that have arisen since then, but I didn’t know how to act otherwise.

– It is strange that today you don’t write to me. Are you tired?

I had to put up with the night. Otherwise, my lie would have no credibility.

+ Good evening Leon. I’m sorry I didn’t write you before, I’ve been in the emergency room all day.

-Why?

+ I have fainted …

-You start with your food nonsense. You know what you do.

Somehow I anticipated that carefree answer. I knew what the next step would be. I would aggravate the situation according to the interest he showed until I brought out his love for me, whether it was a lot or a little. Even if I was a bastard, I knew that at some point he would stop being a bastard for a little while to worry about me. I was afraid to be feeding even more the pain he felt for me, but the security that I had when I thought that everyone forgot the bad thing when someone they loved was sick was stronger.

I asked Sara to support me to make more sense of the whole story. If she sent him a message telling him that they had admitted me, it would be the perfect excuse to call me. She agreed reluctantly, but I didn’t expect that she would tell Julian. In the message Sara wrote that if he wanted to contact me he would have to call me at the landline of the house, which Leon didn’t know, so we could pass her by the number of a hospital without problem. It was the good thing to know him, I knew he wouldn’t give his head to ask for the name of the hospital and look for it on the internet. I also made sure that he couldn’t contact my parents by telling my sister to block his number on their cell phones, although I doubted he even dared to call them, because if the plan worked, he would feel guilty.

After a fight with Julian in which he rejected absolute my extreme pathos, the phone rang on the floor and the three of us ran to see who picked it up first.

Adrenaline ran through my veins so I got the first one. I got into the role of sick and took off with a choked voice.

+ Yes?

– Where the hell are you?

+ Hello Leon. I’m in a clinic … but don’t worry, I’m fine.

– Where is that clinic? And why have they taken your mobile?

+ I can’t use it. They say that I am very stressed and I have to be calm … I am in Santander, but in a few days I will return home.

-Fuck! Why don’t you eat?

+ I have no appetite … with everything that has happened …

-You have to eat Violet, do it for me.

+ For you I would do anything … I love you very much.

-Well, if you love me, eat.

+ Ok, I’ll try. Are you going to call me every day?

-Yes, but try to leave your mobile to know if you’re okay.

+ Ok, thank you Leon.

-Go, rest. Let’s talk tomorrow.

I suppose I felt satisfaction even with my back turned. When I turned around, the faces of Sara and Julian were a real poem. They were disappointed, amazed and at the same time worried. I started to laugh and I think they flirted even more, until Sara burst out laughing with me.

-You should be an actress! What a girl! And what a fool Leon is! How can he believe it? If you were in a clinic you couldn’t even call!

+ Well, I thank God that he doesn’t distrust.

-And what do you plan to do now?

+ Continue with the lie a few days. He almost tells me that he loves me … I know you don’t understand but I really needed this, for me to listen to his voice without arguments in between is a respite … Julian, don’t look at me like that, I know it’s not good to lie with these things but what do you want me to do …

-I’m just going to tell you one thing. Imagine that you get married, will you tell him the truth?

+ I don’t know, at the moment with being together again I’m satisfied.

-You are crazy…

Yes, I was. But I didn’t feel bad about it. It only tortured me to know that I would have to confess to God, but He would forgive me, because He knew as much as we three did the damage that Leon had done to me and the little that mattered to me. If I was able to forgive everything, I would also have to forgive myself.

Five days passed and what I got was a “when you leave the hospital we will talk about going back” and two “I love you”. Enough.

JGA

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