Capítulo 4

-¿Te vienes con nosotros esta noche? Hay fiesta en el bar Latino, ¡es Halloween!

Julián llevaba insistiéndome tanto tiempo como el que yo llevaba poniéndole excusas baratas para no salir. Resoplé una vez más y le miré fijamente, a ver si le quedaba claro.

+Julián,  ya te he dicho que no me gusta salir de fiesta, y menos aún disfrazarme. Yo me quedo estudiando, pasarlo bien sin mí ¿vale?
-¡Joder tía! Sal por una vez, ¿tú te crees que León no sale de fiesta? Otra cosa es que no te lo diga, pero del dicho al hecho… Venga va, te mereces salir aunque sea un ratito, divertirte con nosotros. Llevamos cuatro meses viviendo juntos y aun no hemos inaugurado el piso. Sara y yo ya hemos planeado cómo sería…¡Además vendría Fabio!

Se me aceleró el corazón, pero lo disimulé muy bien. Fabio era un compañero de clase con el que había entablado una bonita amistad, pero es que además era guapísimo y tenía un encanto diferente, era el puerto riqueño más solicitado de la facultad y mi pareja en las prácticas, así que últimamente pasábamos mucho tiempo juntos. Quizá más del que debiera.

+Como si viene el Papa de Roma, no voy a salir. Si queréis hacer la inauguración aquí hacedla, no soy nadie para prohibíroslo. Pero yo me quedo en mi habitación y sólo os pido que terminéis pronto y no invitéis a mucha gente.

Entonces entró Sara, mi otra compañera de piso.

-Violeta, te juro que el día que nos presentes al famoso León le vamos a dejar las cosas muy claras. Tú vas a arreglarte y luego saldremos todos a bailar un rato, ¡me lo debes!

Sara tenía razón,  le debía una muy grande por las veces que ella había rechazado salir de fiesta para quedarse consolándome cuando me escuchaba discutir por teléfono con León. Incluso me dejaba dormir con ella cuando veía que la situación me superaba…

+¡Eso es chantaje!
-¿Entonces vienes? ¡Perfecto!
Los dos se abrazaron y empezaron a dar saltitos de alegría. Vaya par de tontos, pero qué haría yo sin ellos. Me uní a la celebración y los tres empezamos a reír y a cotillear sin parar sobre lo que pasaría esa noche.
No estuvieron de acuerdo en mi decisión de ocultárselo a León, pero mi cabeza ya lo había maquinado todo con mucha precaución para evitar cualquier cosa que pudiese romperme el corazón. Llamaría a León a las once como cada noche, le diría que al día siguiente me levantaría temprano para estudiar y me despediría de él.

Y así lo hice. No tenía remordimientos, era mi segundo año de carrera y todavía no había salido ni una sola noche con mis amigos. Tampoco era un pecado, y sabía que si le decía la verdad sería el fin. El verano finalmente fue bueno y los dos acabamos conociéndonos lo suficiente como para destruirnos el uno al otro.

Alguien llamó a mi puerta cuando estaba mirándome al espejo.

+¡Ya voy pesados!

No me convencía mucho salir con esas pintas, pero tampoco quería desentonar. Todo el mundo iba disfrazado aquella noche. Yo iba de muñeca diabólica, y a muchos les gustó mi elección. Decían que con mi aspecto dulce ese toque de maldad en el maquillaje me hacía parecer más sexy.
Fui al salón, donde había más de treinta personas. A la mayoría solo les conocía de vista, y como no vi a nadie con quien hablar, decidí irme a la cocina y prepararme un chupito de vodka. Lo necesitaba. No solía beber y llevaba sin hacerlo cerca de un año, pero esa noche tenía que animarme.
Entré a la cocina y allí me encontré con mis dos compañeros y con un sonriente Fabio rodeado de chicas, como siempre. Él me miró y, dejando atrás al escuadrón de los escotes, se acercó a darme dos besos. Noté cómo me subía la temperatura, pues casi rozaba con sus labios los míos.

-Estas preciosa hasta cuando pretendes ir de malvada.
+Gracias Fabio, ¿tú no te disfrazas?
-No me gusta mucho ese rollo.
+A mi tampoco, pero me han obligado estos dos.

Julián y Sara se reían mientras hacían señas cursis a la espalda de Fabio. Siempre solían decirme que haríamos una pareja estupenda y que él se moría por besarme, pero yo les decía siempre lo mismo: que Fabio era latino, y tenía esa labia romanticona con todas las tías que le rodeaban.

-¿Brindamos?

Julián se acercó con cuatro vasitos llenos de vodka.

-¡Arriba, abajo, al centro,  y adentro!

Cinco rondas más. Ya notaba ese extra de alegría que te aporta el alcohol, y me sentí bien, más libre.
Una hora más tarde y con unos cuantos chupitos más en el cuerpo nos fuimos al bar Latino, en frente de la playa de Barcelona. Allí nos encontramos con varios compañeros de la facultad; todos abrían mucho los ojos al verme allí, acostumbrados a hacerlo solo en clase o en la biblioteca. Durante el camino, nos hicimos varias fotos que Sara quiso subir a Instagram, pero yo se lo prohibí añadiendo que León podría verlas. Fabio apenas hablaba, algo raro en él, aunque sí pude darme cuenta de su manera de comerme con los ojos. Llevaba un vestido blanco que parecía un camisón de seda y dos coletas altas de las que caían largos tirabuzones.
A mi no me gustaba Fabio,  pero me deleitaba pensando que él quería algo conmigo. En cierta manera, lo utilizaba como un chute de autoestima, pero jamás le daría lo que él quería.
Precisamente él estaba en su salsa. La música latina invadía el local y, como a buen latino, se le daba genial moverse bailando. Yo empezaba a aburrirme, y además me sentía mal cada vez que León venía a mi mente. Cada tres minutos aproximadamente. ¿Estaría él durmiendo? Seguro que sí,  ya eran las tres de la madrugada. Pobre León,  quizá debería contarle mañana la verdad…
Decidí irme a casa, así que fui a buscar a Julián para avisarles. No le encontraba y empezaba a estar mareada cuando unas manos conocidas rodearon mi cintura.

+¡Fabio, me voy a casa! ¡¿Has visto a Julián?!
-¿Te vas tú sola?
+Sí.
-Baila conmigo esta canción y te acompaño.

No me dio tiempo a contestar cuando sus manos me apretaron más contra su cuerpo y su cabeza descansaba en mi cuello. Me sentía ridícula. Y entonces se me inundaron los ojos de lágrimas por la emoción que sentí cuando me susurró al oído:
+Tranquila Violeta, solo déjate llevar…

Me temblaban las piernas. ¿Cómo lo hacía?  Sentí unas ganas irremediables de acercarme más a él,  aunque era practicamente imposible. Él lo notó,  y me miró a los labios acercando su boca. Cerré los ojos en un intento de convencimiento. “Si no lo ves no puedes frenarlo”. La canción se acabó y nos separamos el uno del otro.

Esa noche de noviembre la culpabilidad y un nuevo sentimiento que quise ignorar con todas mis fuerzas me robaron el sueño.
A las once de la mañana levanté la persiana. Me vestí, desayuné y fui a misa. Siempre me sienta bien el sermón del párroco para recargar mi positividad. Esa hora me sirvió de reflexión: no volvería a salir de fiesta, ni le contaría nada a León sobre la noche anterior, y , respecto a Fabio, hablaría con él para dejar clara y delimitada nuestra amistad.
Encendí mi movil esperando un mensaje de León que no llegó, así que supuse que estaría trabajando y que tendría una buena excusa para no haberme llamado todavía. Quizá se habría averiado una máquina, no tendría batería, o tendría un día de esos en los que no quiere hablar con nadie. Ya me había acostumbrado a eso y a sus constantes cambios de humor, así que no me pareció tan raro hasta que las horas pasaron y llegó la noche. Entonces decidí llamarle yo.
No contestó ni a la primera, ni a la segunda, ni tampoco a la tercera llamada. Resoplé y me fui a cenar para tratar de evadir la preocupación que sentía en mi interior. Julián y Sara me preguntaron varias veces durante la cena dónde me metí la noche anterior con Fabio. Por lo visto él también se fue de la fiesta pronto.

-En serio, no me enrrollé con él. Bailamos un rato y me vine a casa. Pero él se quedó allí,  seguro que se enrrolló con otra y se la llevó a su casa…
+Si yo tuviese al tío más bueno de la uni detrás…
-Te recuerdo que yo tengo novio, Sara.

Entonces sonó mi móvil. Un mensaje de León.

+Hablando del rey de Roma…¡Qué inoportuno es siempre! ¿Qué quiere ahora? ¿Una foto que demuestre que estás en casa o una captura de tu ubicación?
¡Eoooo! ¡Violeta! ¿Me escuchas?

Claro que la escuchaba. Pero no podía prestar atención ni articular media palabra.

+Tia ¿qué te pasa?

Me quitó el movil de la mano y leyó en voz alta.

“¿Qué quieres pesada? ¡Me cago en la puta, me has despertado! No me vuelvas a llamar en tu vida. Ya te llamaré yo si eso.”

+¿Si eso? ¿Pero este niñato de qué va? Déjame contestar el mensaje Violeta, por favor.
-¿Qué vas a contestar? Déjalo tía,  se ha enterado de que salí ayer seguro, bff ¿por qué me convencistéis? ¡Os dije lo que pasaría si se enteraba!
+Pues igual es lo mejor que te puede estar pasando, aunque ahora no lo veas. Pero no te preocupes, es imposible que sepa que saliste. Lo que le pasa es lo de siempre, sabe que puede hablarte como le de la gana y descargar sus enfados en ti, porque nunca le recriminas nada. No te haces respetar, así que es así como le permites tratarte.

No paraba de llorar. Me fui al salón a fumar y me siguieron hasta ahí. Después de explicarles mi situación en la relación por enésima vez, los tres llegamos al acuerdo de no seguirle el juego. León pedía en su mensaje que no le molestara, así que, por muy duro que me resultase, lo hice.
El lunes llegó como un cubo de agua helada al despertarse. Tenía la sensación de que no sería un buen día, y decidida a no empezarlo mal desde primera hora, no miré el movil para no destruir la mínima ilusión que me quedaba de ver un mensaje de León. Algo que en el fondo sabía que no iba a pasar.
Entré en clase y como siempre Fabio me estaba reservando mi sitio habitual al lado de él. No me senté ahí,  sino en primera fila. Ni siquiera tenía ganas de
darle explicaciones. Se acercó a mi

Chapter four

-Do you come with us tonight? There’s a party at the Latino bar, it’s Halloween!

Julian had insisted on me as long as I had been giving him cheap excuses not to leave. I huffed once more and stared at him, to make him understand.

+ Julian, I have already told you that I don’t like to party, let alone disguise myself. I’m studying, have fun without me, okay?

– Fuck! Come out for once, do you think Leon doesn’t go out partying? Another thing is that he doesn’t tell you, but from the saying to the fact … Come on, you deserve to leave even a little while, have fun with us. We have been living together for four months and we haven’t yet opened the apartment. Sara and I have already planned what it would be like … Fabio would also come!

My heart was accelerated, but I disguised it very well. Fabio was a classmate with whom I had established a beautiful friendship, but he was also handsome and had a different charm, was the most requested Puerto Rican of the faculty and my partner in practice, so lately we spent a lot of time together . Maybe more than we should.

+ As if the Pope comes from Rome, I won’t leave. If you want to do the inauguration here, do it, I’m nobody to forbid it. But I stay in my room and I only ask you to finish soon and not invite many people.

Then Sara came in, my other roommate.

-Violeta, I swear that the day we met ourselves to the famous León we will leave things very clear. You’re going to fix it and then we’ll all go out and dance for a while, you owe it to me!

Sara was right, I owed her a very big one because of the times she had refused to go out to party to console me when she listened to me talking on the phone with Leon. She even let me sleep with her when saw that the situation was over me …

+ That’s blackmail!

– Then you come? Perfect!

The two embraced and began jumping for joy. Go foolish couple, but what would I do without them. I joined the celebration and the three of us began to laugh and gossip about what would happen that night.

They didn’t agree with my decision to hide it from Leon, but my head had already engineered everything with great caution to avoid anything that could break my heart. I would call Leon at eleven o’clock like every night, I would tell him that the next day I would get up early to study and I would say goodbye to him.

So I did it. I had no regrets, it was my second year of career and I still hadn’t left even one night with my friends. It wasn’t a sin either, and I knew that if I told him the truth it would be the end. Summer was finally good and we both got to know each other enough to destroy each other.

Somebody knocked on my door when I was looking in the mirror.

+ I’m coming!

It didn’t convince me to go out with those look, but I didn’t want to be out of tune either. Everyone was dressed up that night. I wen’t like a diabolical doll, and many liked my choice. They said that with my sweet appearance that touch of badness in makeup made me look sexier.

I went to the living room, where there were more than thirty people. I only knew most of them by sight, and since I didn’t see anyone to talk to, I decided to go to the kitchen and prepare a shot of vodka. I needed it. I didn’t use to drink and hadn’t done it for about a year, but that night I had to cheer up.

I entered the kitchen and there I met my two companions and with a smiling Fabio surrounded by girls, as always. He looked at me and, leaving behind the squad of cleavage, came over to give me two kisses. I noticed how the temperature rose, because it almost touched mine with his lips.

-You are beautiful even when you pretend to be evil.

+ Thanks Fabio, don’t you dress up?

-I don’t like that roll very much.

+ Neither me, but these two have forced me.

Julian and Sara laughed while they made curses on Fabio’s back. They always used to tell me that we would make a great couple and that he would die for kissing me, but I always told them the same thing:  Fabio was Latin, and he had that romantic look with all the girls around him.

-Do we toast our glasses?

Julian approached with four glasses full of vodka.

-Up, down, at the center and inside!

Five more rounds. I already noticed that extra joy that alcohol brings you, and I felt good, free.

An hour later and with a few more shots in the body we went to the Latino bar, in front of the beach of Barcelona. There we met several colleagues from the faculty; everyone opened their eyes a lot when they saw me there, used to doing it only in class or in the library. Along the way, we took several photos that Sara wanted to upload to Instagram, but I forbade it adding that Leon could see them. Fabio barely spoke, something strange in him, although I could tell his way of eating me with his eyes. I wore a white dress that looked like a silk nightgown and two tall pigtails from which long ringlets fell.

I didn’t like Fabio, but I delighted in thinking that he wanted something with me. In a way, I used him as a shot of self-esteem, but I would never give him what he wanted.

Precisely he was in his sauce. The Latin music invaded the premises and, like a good Latin, he was great to move dancing. I was getting bored, and I also felt bad every time Leon came to my mind. Every three minutes. Was he sleeping? Surely, it was already three in the morning. Poor Leon, maybe I should tell him the truth tomorrow …

I decided to go home, so I went to find Julian to tell them. I could n’t find him and I was getting dizzy when familiar hands surrounded my waist.

+ Fabio, I’m going home! Have you seen Julian ?!

-Do you go alone?

+ Yes

-Dance with this song and I accompany you.

I didn’t have time to answer when his hands pressed me closer to his body and his head rested on my neck. I felt ridiculous. And then my eyes filled with tears because of the emotion I felt when he whispered in my ear:

+ Keep calm Violeta, just let yourself go …

My legs were shaking. How he did it? I felt an irremediable desire to get closer to him, although it was practically impossible. He noticed it, and looked at me to the lips approaching his mouth. I closed my eyes in an attempt to convince. “If you don’t see it, you can’t stop it.” The song ended and we separated from each other.

That November night the guilt and a new feeling that I wanted to ignore with all my strength robbed me of sleep.

At eleven o’clock in the morning I lifted the blind. I got dressed, had breakfast and went to mass. I always feel good about the parish priest’s sermon to recharge my positivity. That hour served me as a reflection: I wouldn’t go out partying again, nor would I tell Leon anything about the previous night, and, about Fabio, I would talk to him to make our friendship clear and delimited.

I turned on my phone waiting for a message from Leon that didn’t arrive, so I assumed he would be working and that he would have a good excuse for not having called me yet. Maybe a machine would have broken down, he wouldn’t have battery, or he would have one of those days when he doesn’t want to talk to anyone. I had become used to that and his constant mood swings, so it didn’t seem so strange until the hours passed and the night came. Then I decided to call him.

He didn’t answer the first, nor the second, nor the third call. I snorted and went to dinner to try to evade the worry I felt inside. Julian and Sara asked me several times during the dinner where I got the night before with Fabio. Apparently he also left the party soon.

– Seriously, I didn’t do nothing with him. We danced for a while and I came home. But he stayed there, sure he got entangled with another and took her home …

+ If I had the nicest boy of the university behind …

-I remember that I have a boyfriend, Sara.

Then my cell phone rang. A message from Leon.

+ Speaking of the King of Rome … How inopportune is always! What does he want now? A photo that shows you are at home or a screenshot of your location?

Eoooo! Violet! Can you hear me?

Of course I listened to her. But I couldn’t pay attention or articulate a half word.

+ Hey,what’s wrong with you?

She took the phone from my hand and read it out loud.

“What do you want? I shit on the bitch, you’ve woken me up! Do not call me back in your life, I’ll call you if that.”

+ If that? But what’s this brat doing? Let me answer the message Violet, please.

-What are you going to answer? Leave it, he has learned that I left yesterday sure. Why did you convince me? I told you what would happen if he found out!

+ Well, it’s the best thing that can be happening to you, even if you don’t see it now. But don’t worry, it’s impossible for him to know you came out. What happens is the same as always, he knows he can talk to you as he wants and unload his anger on you, because you never recriminate anything. You don’t make yourself respected, so that’s how you allow yourself to be treated.

I kept crying. I went to the living room to smoke and they followed me there. After explaining my situation in the relationship for the umpteenth time, the three of us reached an agreement not to follow suit. Leon asked in his message not to bother him, so, no matter how hard it was, I did it.

Monday came like a bucket of ice water when I woke up. I had the feeling that it wouldn’t be a good day, and determined not to start badly from the first hour, I didn’t look at the phone to destroy the minimum illusion that I had to see a message from Leon. Something that deep down I knew wouldn’t happen.

I entered class and as always Fabio was reserving my usual place next to him. I didn’t sit there, but in the front row. I didn’t even want to give him explanations. He approached me
on several occasions, but I always saw him and hid talking with the teacher or with other classmates, trying to avoid him as much as possible.

It was time to eat and I took courage to finally look at the phone. I had a message, but not from Leon.

“We’re staying this afternoon to study, we have to finish the work, if you want. Then we can see a movie.”

I had avoided him in person, but I also knew that sooner or later I would have to talk with Fabio.

After a quiet meal and the cigar afterwards, I wrote:

“At five in my house, Sara will be there, but she will stay in her room studying. Bring good movies please”

It would be a good idea to disconnect from the pressure. Also, that way I would keep busy so as not to “bother” my boyfriend.

JGA
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