Capítulo 6

París siempre ha sido mi lugar favorito para huir de la realidad. Esa ciudad me parece un sueño en sí misma.

-¡Mira cuántos candados!

Era la primera vez que Sara visitaba la ciudad de la luz, y todo lo que veía a su alrededor le parecía de película. No era para menos, aunque yo ya había estado en aquel puente donde los enamorados parisinos cuelgan un candado y tiran la llave al rio Sena sellando su amor.

-Violeta, te voy a regalar un candado, ¿te gustaría?
+No Sara, mi regalo es estar aquí juntas estos tres días.
-Pero es tu cumpleaños, ¡tiene que haber regalos!

Cumplía 21 años. Debería estar más que contenta, pero me resultaba difícil autoengañarme, aunque lo juré antes de coger el avión en España. Debía disfrutar de aquella oportunidad.

-Perdona, seguro que te he recordado a León, ¿verdad? ¿Te gustaría poner el candado con él aquí?
+A León no le gustan estas tonterías…
-¿Te ha felicitado ya?
+No. Sigue sin querer hablar conmigo…
-Bueno, vamos a hacer una cosa. Haz una foto al puente y cuando lleguemos al hotel se la mandamos y le dices que te gustaría poner uno con su nombre. Quizá así se le pase un poco el enfado…
+Vale, lo intentaré. Ahora vamos al museo, hay mucho que ver.

Nos dimos un abrazo y empezamos a caminar rumbo al Louvre entre las majestuosas calles de París.
Mientras Sara se paraba delante de cada escaparate de dulces franceses, yo no podía dejar de repasar mentalmente el día anterior. Sabía desde hacía un mes que a León no le hacía gracia que fuese a París con Sara, pero no imaginaba que el día que cogimos el vuelo él me prohibiese hablarle durante mi estancia en Francia…

“+¿Ni siquiera vas a hablarme el día de mi cumpleaños?
-No. Tú te lo has buscado. Haces lo que te da la gana, pues yo también. Venga, diviértete con tu amiguita.
+Vamos a conocer París y sus monumentos, no de fiesta. ¿Qué tiene de malo?
-¡Que no me hables más!
+Bueno…Te quiero.”

Ni siquiera respondió con un simple “yo también”.

Sara y yo recorrimos cada rincón de aquella ciudad hasta que nuestros pies suplicaron un descanso. Estábamos en el barrio de Mon Matre, donde los artistas callejeros deleitan a sus gentes con auténticas y desconocidas obras de arte. Nuestro pequeño hotel se encontraba en esa zona, así que decidimos dormir unas horas para retomar nuestra ruta turística a las siete de la mañana. En cuanto llegamos, le envié la foto del puente de los candados a León. Yo misma había creído que su reacción sería buena, ¿a quién no le gusta que le den las buenas noches así? La respuesta era evidente.

-No me mandes fotos. No quiero saber nada de ti mientras sigas allí.
+Vale, perdón. Solo quería decirte que me encantaría que estés aquí…y que te quiero.
-Vale.

De verdad no podía comprender qué le pasaba conmigo. Se había enfadado por venir a París,  pero no sabía el motivo. Pensé que quizá hubiese querido ser él quien me acompañase, pero eso era imposible porque nunca tenía tiempo libre. Esa era una de las cosas que más rondaba en mi cabeza últimamente, porque empezaba a plantearme cómo sería mi vida si nos casáramos algun día. Yo no quería estar atada a un pueblo de campo; además,  mi futura profesión como publicista requeriría viajar. Yo había aceptado a León con todo lo que eso conllevaba, pero no estaba segura de que él me hubiese aceptado a mi de la misma manera. Ni siquiera habíamos hablado sobre ello, era un tema que a mi me costaba sacar y que él solía evitar.

A las siete y media de aquella fría mañana Sara y yo ya estábamos en el metro camino a Versalles. No quise molestar a León tan temprano, así que no me despedí de él en el hotel. Además supuse que no querría saber a dónde iba ni qué haría.

Fue un día maravilloso, de esos en los que te sientes especial. Éramos como dos niñas creyéndose princesas. Dos jóvenes guapas, inteligentes y con ganas de comerse el mundo. Las mil fotos que nos hicimos en los laberintos de los jardines de Versalles, en su palacio y de vuelta a la capital francesa por la noche en la Tour Eiffel y los Campos Elisios no hacían justicia a la realidad de aquello.
Ninguna de las dos conocíamos mucho el idioma, pero nos dábamos cuenta de que varios muchachos trataban de ligar con nosotras. Hubiese sido idílico tener un romance en París,  pero nos sobraba con tenernos la una a la otra y desconectar del resto del mundo.

La última noche allí la pasamos paseando y admirando cada detalle. Y a las ocho de la mañana montamos en el autobús que nos llevaba al aeropuerto. Sería duro volver al mundo real y dejar de soñar…

-¿Qué pasa contigo? ¿Has llegado bien a casa? Dime algo por favor. Te quiero.

El sonido de un mensaje en mi móvil me despertó. Me levanté entreabriendo un ojo y tapándome el otro con la mano. Estaba realmente cansada del viaje y solo me apetecía dormir. Abrí el mensaje y cuando vi que era León y lo que me había escrito no pude evitar resoplar. “Este tío es bipolar”. No me hizo ni la más mínima ilusión.
Poco a poco desperté del todo y lo primero que sentí en ese proceso de volver a la realidad fue un coraje terrible. Analicé la situación: no me felicitó en mi cumpleaños,  contestaba a mis “te quiero” con “vale”, ayer ni se molestó en preguntarme nada y ahora me viene con un “te quiero”. ¿Ahora?  Es verdad que mejor tarde que nunca, y tal vez empezasemos a arreglar las cosas entre nosotros. Pero realmente me cabreaba que tuviese tan poca vergüenza. Así que no me ilusioné, aunque tampoco le quise presionar; pensando que aquel mensaje era como un logro en nuestra relación y algo que llevaba esperando muchcreyéndo, opté por seguirle la corriente y comprobar hasta qué punto había vuelto su aparente amabilidad e interés. Y le llamé.

-¡Por fin sé algo de ti!
+Hola cariño.

Me resultaba raro llamarle así. Unos meses atrás él dejó de hacerlo y yo decidí lo mismo.

-¿Qué tal?
+Bien, perdona por no haberte dicho nada antes. Estaba dormida.
-Ah bueno,  sigue durmiendo anda. Estarás cansada… Descansa y luego hablamos.
+No. Ya no puedo dormir. ¿Y tú qué tal? ¿Estás trabajando no?
-No, está lloviendo mucho y no se puede hacer nada hoy. Y como es viernes todo el mundo ha salido, así que estoy aburrido en casa.

Ya me empazaban a cuadrar más las cosas. Se aburría…

+Pues llama a tus amigos y sal un rato.
-No, prefiero quedarme en casa. Ya casi es de noche, has dormido mucho. ¿Qué vas a hacer ahora?
+Pues nada, desharé la maleta y empezaré a organizarme con los estudios. Luego me iré a dormir pronto.
-Vale, mándame un mensaje cuando te acuestes.
+Sí. Luego hablamos. Te quiero.
-Y yo.

No había ido tan mal. Fue como si hubiese vuelto a hablar con el León que conocí. Aunque pensé que su “detalle” de cogerme la llamada esta vez no era más que fruto de su aburrimiento. Pero al menos, ese día no habría peleas, ni malas palabras. La calma se instalaba en nuestra historia sin previo aviso.
Esa noche hice exactamente lo que le había dicho a León, y, sin dar demasiadas vueltas a mi cabeza, me quedé profundamente dormida después de llamarle y despedirme de él como hacía tiempo que no hacíamos: con dulzura.
Al día siguiente desperté con la sensación de que mi vida empezaba de cero. Un mensaje de León me lo confirmaba: “Buenos días cariño, que pases un buen día. Luego hablamos”. Me lo había mandado a las seis de la mañana, supuse que sería la hora a la que se fue a trabajar.

No quise pararme ni un instante a pensar a qué se debería aquel cambio drástico, aunque a veces no podía evitarlo. Faltaba poco para navidad y eso significaba volver a vernos, así que era un buen momento para que todo volviese a ser como antes.

El fin de semana pintaba aburrido. Sara y yo teníamos que estudiar todo lo que retrasamos por nuestro viaje, y ya no contaba con la ayuda de Fabio, algo que en ocasiones como aquella echaba mucho de menos. No solo por lo bien que me venía, sino por lo bien que lo pasábamos y lo bonito que me parecía escucharle reír conmigo.
Entre libros y cafés fue pasando la tarde del sábado. El salón parecía una biblioteca después de un terremoto, y las paredes se teñían de amarillo con tanto postick colgado.
A las diez paramos para cenar y aproveché para llamar a mi novio. No respondió. Entonces me di cuenta de algo que no había pensado antes, y es que cuando llueve, no se puede trabajar en el campo. León me había dicho que el viernes estuvo lloviendo mucho, y en las noticias había visto que seguía habiendo tormentas en el sur de la península. ¿Estaría entonces trabajando en otra cosa o me había mentido? No tenía porqué mentirme, León nunca lo había hecho en realidad. Sabía perfectamente cómo era su vida diaria: iba al trabajo, luego se fumaba un par de cigarros con sus amigos y volvía a casa para cenar y dormir.
Volví a centrarme en los estudios, aunque cada media hora volvía a intentar contactar con él. Me di por vencida a la una de la madrugada, cuando en lugar de no obtener respuesta a la llamada, me colgó para acto seguido llamarme él.

+¿Dónde estabas? Llevo tres horas llamándote, me tenías muy preocupada…
-Trabajando, es que no he escuchado el móvil y no puedo hablar mucho.
+¿Pero ya estás en casa no?
-No, hoy voy a llegar muy tarde, mejor duérmete y hablamos mañana.
+¿No estaba lloviendo?
-Ayer sí,  pero hoy hay mucho que hacer.
+Ah…pues mañana hablamos, ten cuidado cariño.
-Hasta mañana.

Tanto al colgar como durante la llamada, sentí unos pinchazos asfixiantes en el pecho. No quería aceptarlo, ni siquiera decirlo en voz alta, pero en el fondo sabía que algo pasaba. Primero, porque sí estaba lloviendo (yo misma lo comprobé en la aplicación del tiempo de mi móvil antes de llamarle). Y segundo, porque esa vez no hubo ninguna palabra cariñosa por su parte.

Chapter six

Paris has always been my favorite place to escape from reality. That city seems like a dream in itself.

-Look how many padlocks!

It was the first time Sara visited the city of light, and everything she saw around her seemed like a movie. It wasn’t for less, although I had already been on that bridge where Parisian lovers hang a lock and throw the key to the river Seine sealing their love.

-Violeta, I’m going to give you a lock, would you like it?

+ No Sara, my gift is to be here together these three days.

-But it’s your birthday, there must to be gifts!

I was 21 years old. I should be more than happy, but it was difficult for me to deceive myself, although I swore it before taking the plane in Spain. I should enjoy that opportunity.

-Excuse me, I’m sure I reminded you of Leon, right? Would you like to put the lock with him here?

+ Leon doesn’t like this nonsense …

-Have he congratulated you already?

+ No…He still doesn’t want to talk to me …

-Well, let’s do one thing. Take a pic of the bridge and when we get to the hotel we will send it to him and tell him that you would like to put one with your names. Maybe that way he will get a little angry …

+ Ok, I’ll try. Now let’s go to the museum, there is a lot to see.

We hugged each other and started walking towards the Louvre between the majestic streets of Paris.

While Sara stood in front of every showcase of French sweets, I couldn’t stop mentally reviewing the day before. I had known for a month that Leon didn’t like that I went to Paris with Sara, but I didn’t imagine that the day we caught the flight he would forbid me to speak to him during my stay in France …

“+ You’re not even going to talk to me on my birthday?

-No. You’ve asked for it. You do what you want, well I do too. Come on, have fun with your stupid friend.

+We are going to know Paris and its monuments, not partying. What’s wrong with it?

– Don’t talk to me anymore!

+ Well … I love you. “

He didn’t even reply with a simple “me too”.

Sara and me toured every corner of that city until our feet pleaded for a rest. We were in the neighborhood of Mon Matre, where street performers delight their people with authentic and unknown works of art. Our small hotel was in that area, so we decided to sleep a few hours to resume our tourist route at seven in the morning. As soon as we arrived, I sent the pic of the bridge of the locks to Leon. I had believed that his reaction would be good, who does not like to have a good night like that? The answer was obvious.

-Don’t send me photos. I don’t want to know anything about you while you’re still there.

+ Ok, sorry. I just wanted to tell you that I would love you to be here … and that I love you.

-Ok.

I really couldn’t understand what was wrong with me. He had been angry with me because of I come to Paris, but I didn’t know the reason. I thought maybe he wanted to be the one to accompany me, but that was impossible because he never had free time. That was one of the things that was most in my head lately, because I was beginning to think about how my life would be like if we got married one day. I didn’t want to be tied to a country village; In addition, my future profession as a publicist would require travel. I had accepted Leon with all that entailed, but I wasn’t sure that he had accepted me in the same way. We hadn’t even talked about it, it was an issue that I found hard to take out and that he used to avoid.

At seven-thirty on that cold morning Sara and me were already on the subway to Versailles. I didn’t want to bother Leon so early, so I didn’t say goodbye to him at the hotel. I also assumed that he wouldn’t want to know where I was going or what I would do.

It was a wonderful day, one in which you feel special. We were like two girls thinking they were princesses. Two beautiful youngs, smart and eager to eat the world. The thousand photos we took in the labyrinths of the gardens of Versailles, in his palace and back to the French capital at night on the Tour Eiffel and the Elisios Fields didn’t do justice to the reality of that.

Neither of us knew the language very much, but we realized that several boys were trying to connect with us. It would have been idyllic to have an affair in Paris, but we had more than enough to have each other and disconnect from the rest of the world.
We spent the last night there walking and admiring every detail. And at eight o’clock in the morning we rode on the bus that was taking us to the airport. It would be hard to go back to the real world and stop dreaming …

-What’s up? Did you get home right? Tell me something please. I love you.

The sound of a message on my phone woke me up. I got up by opening one eye and covering the other with my hand. I was really tired from the trip and I just wanted to sleep. I opened the message and when I saw that it was Leon and what he had written to me, I couldn’t help but snort. “This guy is bipolar.” It didn’t make me even the slightest illusion.

Little by little I woke up completely and the first thing I felt in that process of returning to reality was a terrible courage. I analyzed the situation: he didn’t congratulate me on my birthday, he answered my “I love you” with “okay”, yesterday he didn’t even bother to ask me anything and now he comes with a “I love you”. Now? It’s true that better late than never, and maybe we’ll start fixing things between us. But it really pissed me off that he had so little embarrassment. So I didn’t get excited, although I didn’t want to pressure him either; Thinking that this message was like an achievement in our relationship and something that I had been waiting for a lot, I chose to play along and see how much his apparent kindness and interest had returned. And I called him.

– Finally I know something about you!

+ Hi honey.

It was strange to call him that. A few months ago he stopped doing it and I decided the same thing.

-How are you?

+ Good, sorry for not telling you anything before. I was asleep.

-Ah good, keep sleeping. You’ll be tired … Rest and then we talk.

+ No, I can’t sleep anymore. And what about you? Are you working?

-No, it’s raining a lot and I can’t do anything today. And since it’s Friday, everyone has left, so I’m bored at home.

So I started to square things more. He was bored …

+ Well, call your friends and go out for a while.

-No, I prefer to stay at home. It’s almost night, you’ve slept a lot. What are you going to do now?

+ Well, nothing, I’ll unpack my suitcase and start organizing with the studies. Then I’ll go to bed soon.

-Okay, send me a message when you go to bed.

+ Yes. We will speak later. I love you.

-Me too.

It hadn’t gone so badly. It was as if I had talked again with the Leon I had met. Although I thought that his “detail” of taking my call this time was nothing more than the result of his boredom. But at least, that day there would be no fights, no bad words. Calm settled into our history without warning.

That night I did exactly what I had told Leon, and, without giving too much thought to my head, I fell asleep after calling him and saying goodbye to him as we hadn’t done for a long time: with sweetness.

The next day I woke up with the feeling that my life was starting from scratch. A message from Leon confirmed it to me: “Good morning honey, have a good day, then we’ll talk”. He had sent it to me at six in the morning, I assumed it would be the hour he went to work.

I didn’t want to stop for a moment to think about what this drastic change should be, although sometimes I couldn’t help it. It wasn’t much time for Christmas and that meant coming back to see us, so it was a good time for everything to be as before.

The weekend looked boring. Sara and me had to study everything that we delayed because of our trip, and I didn’t have Fabio’s help anymore, something that at times like that I missed a lot. Not only because of how good it was for me, but because of how good it was and how nice it seemed to hear him laugh with me.

Between books and cafes was happening that Saturday afternoon. The living room looked like a library after an earthquake, and the walls were dyed yellow with so much postick hanging.

At ten o’clock we stopped for dinner and I took the opportunity to call my boyfriend. Didn’t answer. Then I realized something that I hadn’t thought before, and that is that when it rains, you can’t work in the countryside. Leon had told me that it was raining on Friday, and in the news at TV I had seen that there were still storms in the south of the country. Would he be working on something else or has he lied? He didn’t have to lie me, Leon had never really done it. I knew perfectly what his daily life was like: he went to work, then smoked a couple of cigars with his friends and went home for dinner and sleep.

I returned to focus on the studies, although every half hour I tried to contact him again. I gave up at one o’clock in the morning, when instead of not getting an answer to the call, she hung up to call me immediately.

+ Where were you? I’ve been calling you for three hours, I were so worried …

-Working, that’s why I haven’t heard the phone and I can’t can’t too much.

+ But you’re home right now?

-No, today I will arrive very late, better sleep and talk tomorrow.

+Was not it raining?

Yesterday, yes, but today there is much to do.

+ Ah … well, tomorrow we talk, be careful honey.

-See you tomorrow.

Both during the call and then, I felt some stinging stings in my chest. I didn’t want to accept it, not even say it out loud, but I knew deep down that something was happening. First, because it was raining (I checked it myself in the application of the weather of my phone before calling him). And second, because that time there was no kind words from him.

JGA
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